Si existen dos conceptos que encierran un profundo significado en el desarrollo del discurso y la práctica moderna, sin duda serían sociedad y nación; aunque también pueden ocurrírsenos otras como revolución, economía, solidaridad o bienestar; recientemente, tendríamos que calibrar la ascensión del concepto terrorismo. Como ya hemos comentado en algún artículo (etiquetados como 'discurso'), las palabras no son inmanentes o eternas, sino que su significado se transforma a lo largo de su "vida"; es decir, modifican su morfología, pierden ciertas cualidades para adquirir otras, adquieren nuevos significados, etcétera; pero, sobre todo, y lo que más nos interesa, su uso social varía. Un concepto como pobreza, por ejemplo, aún conservando idéntica morfología y semántica, tendrá una significación social distinta; esto es, la carga simbólica, lo que queremos expresar cuando decimos pobreza, probablemente no sea lo mismo si el concepto es usado en 2008 que en 1920; más aún, dentro de un mismo espacio temporal, pongamos 2008, el concepto adquirirá diversos matices en España, en Dinamarca, en Birmania o en UU.EE; incluso, dentro de un mismo marco social, pongamos la sociedad española, el concepto pobreza adquirirá diversos matices y significados dependiendo de qué actor social lo use. Por lo tanto, no olvidemos que las palabras, los conceptos, no sólo son su carga semántico-morfológica, sino que hunden sus raíces tanto en la experiencia como en el ideario colectivo del entorno que la usa y la practica
A razón de ésto último, podemos acudir a Pierre Bourdieu, donde, en Tomar los conceptos con pinzas históricas, afirma: "Siempre deben tomarse los conceptos de la historia (o de la sociología) con pinzas históricas... (...) ... no es suficiente con emprender una genealogía histórica de los términos tomados aisladamente: es necesario, para historizar verdaderamente los conceptos, hacer una genealogía sociohistórica de los diferentes campos semánticos (históricamente constituídos) en los que, en cada momento, se inserta toda palabra hallada y los campos sociales en los que han sido producidos, así como en los que circulan y son utilizados" (1)
Como argumenta Bourdieu, "los campos sociales" que producen la génesis y el desarrollo del concepto son fundamentales para entender su uso; esto es, un concepto jamás puede ser deslindado del marco social específico e histórico que le dota de significado y le da forma. Esto es importante para entender el hilo conductor del presente ensayo. Aparte, hemos de tener en cuenta que los conceptos forman redes o campos semánticos de entendimiento, sin los cuales no es posible la comunicación. Esto es bastante importante. Los conceptos, sobre todo aquellos que tratan de dar forma a entes virtuales, es decir, no palpables, no significan nada por sí mismos, sino que es su campo semántico el que lo dota de significado. Fascismo, por ejemplo, evoca una realidad abstracta; pero, a través del campo semántico anexo, compuesto por otros conceptos que implican antagonismo, similutud, asociación o sustitución, el término fascismo adquiere significado; de tal forma, democracia, libertades, derechos del hombre, totalitarismo, dictadura, clase, nación, racismo, holocausto, asesinatos, libertad de expresión o anti-comunismo, serían parte del campo semántico del concepto fascismo. Indistintamente, conceptos como sociedad o nación portan sus propios campos semánticos, sin los cuales no pueden ser ni entendidos ni explicados.
Pero el asunto que nos compete hoy es mucho más concreto, aunque sin variar la línea explicativa: el paso de conceptos como nación o sociedad/social de adjetivos a sustantivos; ya que en dicho proceso, sobre todo en su objetivación, es donde los términos sociedad y nación adquieren su significado actual. El porqué hemos seleccionado estos conceptos y no otros, radica en el destacado papel que ambos juegan en el ideario colectivo de nuestra sociedad; pudiéndo encontrarlos tanto en conversaciones cotidianas u ordinarias, en el discurso político -oficial y extraoficial-, en las noticias, en la prensa, en el grueso de la 'ingeniería social', etcétera; más aún, son conceptos que a lo largo de los últimos doscientos años han motivado a millones de personas a la movilización, la exaltación e incluso la violencia. Por ello, queremos llamar la atención, siquiera brevemente, acerca de la importancia que supone desentrañar la formación de ambos conceptos, pues creemos supone un avance en el entendimiento tanto de los términos como de las consecuencias de su uso; de hecho, podemos comprender e incluso explicar la confusión que conceptos como nación han generado y generan en el día a día.
El proceso de sustantivación de estos conceptos tuvo lugar en torno a la formación del imaginario social moderno, que no explicaremos aquí. A través de diversos mecanismos, cuyas motivaciones parten de las raíces mismas del pensamiento ilustrado, adjetivos como sociedad pasan a ser sustantivados; donde, además, adquieren objetividad y leyes propias. ¿Por qué? En el artículo de Mary Poovy, Lo social y el sujeto civil liberal en la filosofía moral británica del siglo XVIII, parece ponerse en relación con la pérdida o ineficacia de la legitimación providencialista para mantener las estructuras sociales. De tal forma, la autora afirma "que lo social desempeña, para las teorías modernas, el mismo papel que, para los filósofos de una época anterior, desempeñaba la providencia: lo social explica por qué estas relaciones son necesarias o naturales, y no arbitrarias o simplemente la proyección de un espejismo. El concepto de lo social [...] cumple en última instancia la función de legitimar un orden social que ya no es visto como teniendo una base providencial" (2). La idea no parece dificil de creer; imaginemos la ruptura que tuvo que suponer el desmoronamiento de todo un sistema de legitimidad social. Y es aquí donde adjetivos como nación o sociedad, pasaron de describir o calificar a constituirse en estructuras objetivas regidas por leyes naturales propias e inmanentes.
Todo esto que venimos afirmando conlleva serias implicaciones. Miguel Ángel Cabrera Acosta, en De la Historia Social a la Historia de lo social, afirma que "conceptos como economía, clase o nación [podemos incluir también sociedad], no remiten a entidades objetivamente existentes, sino que son componentes del proyecto moderno" Por lo tanto, "la sociedad [también la nación] es una invención, no un descubrimiento. Es una representación del mundo instituida en práctica, no simplemente un hecho objetivo bruto. Sociedad es la construcción conceptual de la interdependencia humana que nos legó la Ilustración" (3). Si damos esto por cierto, nos encontraríamos a un paso de afirmar que conceptos como nación o sociedad, cuyo significado y significante sostienen en buena medida tanto las bases de nuestro mundo como la legitimidad de gobiernos y la acción de los agentes económicos, son sólo un invento fruto de la modernidad. La pregunta es: ¿podríamos 'existir', perviviría el orden y el consenso social, si estos supuestos, como nación o sociedad, se derrumbasen o perdiesen su significado?
(1) En "Sur les rapports entre la sociologie et l'historie" p. 116
(2) En "Más allá de la Historia social"; nº62, Ayer, 2006; p. 140
(3) En ídem; p. 170